A los saltos por la Polinesia Francesa

A los saltos por la Polinesia Francesa

Hay muy pocos lugares donde viajar en el mundo en los cuales la mística los haya transformado en hitos, en deseos universales, en lugares de esos que te surgen de la mente cuando alguien te pregunta “¿Cuál es tu destino soñado?”

Tahiti es uno de esos sitios y cuando uno se refiere a Tahiti (que es el nombre de su isla más grande) se refiere a la Polinesia Francesa. Las propuestas son tantas y tan deslumbrantes que es difícil hacer un recorrido sin sentir que nos estamos perdiendo de algo. Igualmente, vamos a tomar el desafío e intentaremos estar a la altura.
Tahiti es la isla más grande y la puerta de entrada a la Polinesia Francesa en la mayoría de los casos. Aquí vamos a describir un trayecto “caprichoso” teniendo en cuenta las distancias y la belleza más que nada.

Moorea
Es una isla de gran vegetación, tanto es así que allí se cultivan las increíblemente ricas piñas polinesias, que por cierto solo se pueden consumir allí ya que no se exportan fuera del país. Es curioso el tema de la piña porque no es una fruta autóctona del país, si no que fue el capitán James Cook el que la llevó desde Brasil.
Sin embargo si hay algo que caracteriza a la isla de Moorea, es la increíble barrera de coral que la rodea.
Moorea se encuentra a solo 17 kilómetros de distancia de Tahiti lo que la hace muy accesible, práctica e inevitable, aún si tu viaje se terminara en la isla más importante del archipiélago. Por eso recomendamos ir en Ferry, es la forma más práctica de hacer el recorrido, casi con salidas ininterrumpidas durante el día.
La famosisima barrera de coral de la isla crea una laguna interior (tipica como ya dijimos de las formaciones llamadas “atolones”) que da lugar a cientos de especies que viven dentro de ese espacio y en un ecosistema protegido. Incluso es posible sumergirse con tiburones y manta rayas de tamaño considerable pero totalmente pacíficos. Esto, ademas de brindar una belleza inigualable al lugar, ha propiciado opciones para los habitantes del lugar que van mas alla de conseguir alimentos. En el norte de la isla, la parte mas turística, podemos encontrar algunos de los hoteles mas impresionantes y fotografiados, los mismos que aprovechando la poca profundidad de la laguna en esa zona han creado los famosos “Bungalows sobre el mar”
Si tuviéramos que destacar un mirador en Moore sería el conocido como Magic Mountain, al norte de la isla.  Inicialmente pensamos que el nombre se debía a alguna tradición Maorí pero es todo mucho más simple. La magia viene de las increíbles vistas. Un paseo recomendado es el de Magic Mountain: un camino complicado, solo apto para vehiculos quad, que te permite despues de un trecho considerable asomarte a uno de los lugares mas placenteros y espectaculares de la isla desde donde se puede ver al mismo tiempo la selva interior de Moorea y la barrera de coral. Otro de los miradores obligados es el de las “Dos bahías” que como su nombre lo indica deja ver las bahías de Opunohu y Cook con el monte Rotui que las separa. Desde aquí se puede “comprender” la “forma” de la isla apreciándose el cráter que quedo como resultado de la erupción que destruyo el antiguo volcán y dio origen a la isla.

Bora Bora

Esta magnífica y famosísima isla, a 260 kilómetros de Tahiti,  tiene un poco más de 30 kilómetros cuadrados de territorio. La isla grande está rodeada de “motus”, pequeños islotes alargados que suelen tener un tamaño considerable y vegetación. Uno de los motus más bellos y fotografiados de la Polinesia es el Motu Tapu. Dentro de la laguna, que para los amantes del mar, como yo, es un verdadero parque de diversiones, hay un sinnúmero de posibilidades de experimentarla y disfrutarla. Nadando, paseando en canoa, haciendo snorkel, en barcos con fondo de cristal, navegando en catamarán hasta la puesta del sol o buceando en el arrecife para asombrarse de la explosión de vida frente a nuestros ojos. Aquí no existe transporte público por lo que la mejor opción es alquilar un vehículo y recorrer por cuenta propia, o mejor, treparse a una bicicleta o subirse a un caballo, para explorar la exuberancia de los paisajes internos.
Si de gastronomía hablamos, Bora Bora cuenta con una deliciosa tradición culinaria y los restaurantes más conocidos están en Bahía Pofai: Bloody Mary’s, Villa Mahana, Kaina Hut… En Vaitape y Matira (otros poblados más pequeños) encontraremos snacks y opciones más económicas.
Es una isla más cercana a lo que podría ser el Jet Set mundial, escenario de bodas y viajes únicos, meca de las lunas de miel. Es difícil comparar pero a pesar de su presencia tan fuerte en el mundo del turismo sigue siendo una belleza.

Maupiti
A sólo 40 km al oeste de Bora Bora vamos a encontrarnos con Maupiti. Al igual que ella, también sorprende por sus crestas rocosas elevándose sobre la laguna turquesa y los 5 motus. Sin embargo, la diferencia entre las dos islas está en la preservación del encanto original que encontramos en Maupiti. Quizás sea esta una opción para disfrutar de la Polinesia como era antes de los viajes globales.
Si bien es posible hacer una visita de un día desde la cercana Bora Bora, lo ideal es dedicarle al menos un par de días a esta hermosa isla. Entre las razones para alojarse allí están sus magníficas playas como Plage Tereia, una hermosísima tira de finísima arena blanca y rosa frente a la laguna, que dicen es de las mejores de toda la Polinesia, y también se encuentra frente al Motu Auira, el más grande de la zona que tiene la particularidad de que cuando baja la marea se puede cruzar a él caminando, por lo que han dado en llamar “Paso de los tiburones bebe” un lugar donde el agua no sobrepasa la cintura y que se cruza en 30 minutos. Mientras vas caminando aprecias los puntos negros de los pequeñísimos tiburones de arrecife.
Para los amantes del trekking la propuesta es un enorme acantilado de basalto negro de 165 metros de altura llamado Hotu Parata,un auténtico santuario de aves marinas, que es todo un desafío aún para los más avezados. El monte Teurafaatiu (380 m.) regala vistas impresionantes de la laguna desde la cima y a Bora Bora al fondo.
La isla es tan pequeña, se puede ver entera en una bicicleta. El camino circular alrededor de la isla es llano en su mayor parte y de solo 11 kilómetros de extensión.
Los habitantes de Maupiti, unos 1200, se concentran en Vaiea, Petei, y Farauru, tres poblaciones al pie del acantilado Hotu Parata. Están pegadas una a otra y juntas forman una sola aldea.
La vida marina de la isla es fascinante, repleta de rayas grises y rayas manta, siendo la mejor zona el Motu Paeao. En invierno (de junio a agosto) las aguas exteriores de la isla son refugio de las ballenas jorobadas.

Huahine
Otra protagonista de este paseo, a solo 50 kilometros de Bora Bora y a 175 de Tahiti. Aunque reconocida, está lejos de rutas turísticas más tradicionales. Huahine es un verdadero paraíso tropical repleto de grandes lagos, bahías inmensas, picos escarpados y playas fabulosas en un ambiente relajado. Huahine son dos islas en una, Huahine Nui y Huahine Iti (Huahine grande y Huahine pequeña) están unidas por un puente y protegidas por el mismo arrecife de coral. Como resultado tenemos una hermosa isla que puede ser fácilmente recorrida por una ruta que zigzaguea de acuerdo a su contorno y de solo 32 kilómetros de extensión.
La bahía Avea, tiene las mejores playas de toda la isla. En el extremo de esta península meridional, en Anini Marae, la vista se regocija con una de las panorámicas más hermosas de la costa. La carretera sigue hasta Parea y, con exquisitas estampas del arrecife y el océano, llega a Tefarii en la costa oriental con un precioso jardín de coral. Posteriormente, se revisita la bahía Maroe, cruzamos el puente y regresamos a Fare.
Huahine también puede explorarse navegando por su laguna, ya sea por cuenta propia o en alguna de las innumerables excursiones y barcos de alquiler. La laguna interior de Huahine es preciosa, con numerosas ensenadas, grandes bahías y estratégicos motus. Darle la vuelta completa es una experiencia única y a la hora de comer, se desembarca en un motu y es tradición degustar pescado crudo o a la brasa, además de otras viandas y sabrosas frutas tropicales.

Sin lugar a dudas las palabras no alcanzan y las fotos no hacen justicia cuando de belleza, calidez y ensueño se trata; por esa razón lo mejor siempre es hacer tus sueños realidad.  La polinesia francesa sigue allí esperando que la descubras.