El otoño se vive con todos los sentidos.
A solo 90 minutos de Montreal, se encuentra un lugar donde el otoño se vive: Tremblant, uno de los resorts más icónicos de Canadá.
Cada año se transforma en un lienzo de tonos dorados, rojos y anaranjados que hipnotiza a los visitantes, porque combina el encanto de un pueblo montañoso con experiencias de bienestar, gastronomía de autor y aventuras al aire libre.
Un festival de colores
Explorar, respirar, reconectar
Para los más activos, están las rutas de ciclismo de montaña y los campos de golf. Para quienes buscan una pausa del ritmo cotidiano, los spas nórdicos son la respuesta perfecta: circuitos de agua caliente y fría, masajes con aceites esenciales y rituales de bienestar.
La Villa Peatonal: alma del destino
En el corazón del resort se encuentra la Villa Peatonal, una pequeña joya de estilo alpino con calles empedradas, boutiques exclusivas y cafés con terrazas. Es el punto de encuentro ideal para un desayuno frente a la montaña, una tarde de compras o una copa de vino. Los visitantes más pequeños disfrutarán de los espectáculos callejeros, mientras los adultos descubren la escena gastronómica local.
El sabor del otoño
El recorrido sensorial continúa en la mesa. Entre las joyas culinarias del destino destaca Choux Gras Brasserie Culinaire, el restaurante insignia del Fairmont Tremblant, donde los productos locales y de temporada se transforman en platillos de autor. Desde setas silvestres hasta truchas frescas y calabazas dulces, el menú celebra los sabores del otoño con un toque contemporáneo. Para algo más informal están los cafés de la Villa o los restaurantes junto al lago.
Hospedaje con encanto
En Tremblant, cada viajero encuentra un refugio a su medida. Desde condominios equipados para familias hasta hoteles boutique con vistas al lago o a la montaña, siempre bajo un sello común: la hospitalidad canadiense y el amor por los detalles. Entre las opciones más exclusivas se encuentra el Ermitage du Lac, un hotel íntimo rodeado de naturaleza, ideal para escapadas románticas o fines de semana de descanso.
El destino es mundialmente famoso por sus pistas de esquí en invierno, pero Tremblant también ofrece una invitación a vivir el otoño con todos los sentidos.









